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♦Meredith Temperley♦

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♦Meredith Temperley♦

Mensaje por Invitado el Miér Dic 07, 2011 5:33 pm

Información básica

Nombre completo: Lian Meredith Temperley McKinon

Fecha de Nacimiento: Mayo 25 de 1977

Lugar de nacimiento: Cork, Irlanda

Lugar de residencia: Hogwarts

Orientación Sexual: Heterosexual

Ocupación: Directora de Hogwarts

Datos mágicos

Bando: En contra de los caballeros

Estatus de sangre: Pura

Varita: Varita hecha de Aliso – Núcleo: Fibra de corazón de dragón – 30.2 Centímetros de largo, rígida. Magnífica para hechizos de defensa

Escuela: Hogwarts – Ex Hufflepuff

Boggart: Un caldero explotando

Patronus: Augurey. Es también conocido como el "fénix irlandés". El augurey es nativo de Gran Bretaña e Irlanda. Es un pájaro de aspecto delgado y apesadumbrado, y su plumaje es negro verdoso; se diría que parece un buitre pequeño y desnutrido. Antiguamente se creía que su canto presagiaba la muerte, pero luego se descubrió que en realidad sólo cantaba cuando la lluvia se aproximaba. Si Meredith invoca un patronus y está lloviendo o se acerca la lluvia, éste emite un sonido similar al de un Augurey real, sin embargo, lo hace una sola vez a diferencia de los reales.

TIMOs: Encantamientos: Supera las Expectativas
Transformaciones: Supera las Expectativas
Herbología: Extraordinario
Defensa Contra las Artes Oscuras: Aceptable
Pociones: Supera las Expectativas
Historia de la magia: Extraordinario
Astronomía: Extraordinario
♦Asignaturas Optativas:
Cuidado de Criaturas Mágicas: Extraordinario
Adivinación: Extraordinario
Runas Antiguas: Extraordinario
Estudios Muggles: Insatisfactorio

ÉXTASIS: ] •Encantamientos: Extraordinario
Transformaciones: Aceptable
Herbología: Supera las Expectativas
Historia de la magia: Extraordinario
Astronomía: Extraordinario
Cuidado de Criaturas Mágicas: Extraordinario
Adivinación: Aceptable
Runas Antiguas: Supera las Expectativas
Título de Aparición: Otorgado


Descripción física
Spoiler:

Cabello: Ya bañado por la “nieve de los años” Y sólo con pocos cabellos que recuerdan su castaño natural juvenil.

Rostro: En su rostro se evidencia su edad, pero también la calma con la que ha sabido afrontar los problemas, casi siempre está sonriente.

Ojos: Profundamente grises y severos, demuestran la fuerza de voluntad y su templanza

Boca: Delgada y con comisuras casi invisibles

Nariz: Un tanto respingada y recta

Piel: Suave a pesar de su edad, tal vez no tan tersa como en un sus años mozos, pero mantiene su color y suavidad

Complexión física: Delgada

Vestimenta y otros: Suele vestirse con túnicas de colores pasteles que resaltan sus ojos y lo blanco de su cabello o con elegantes vestidos Muggles, todo depende de la ocasión.


Personalidad

Descripción psicológica: “Experiencia es lo que les ha de faltar a las nuevas generaciones cuando el mal se apodere de todo lo que hoy conocemos.” Meredith Temperley.

Frases como éstas, son las que caracterizan a Meredith, una encantadora mujer. El camino que es la vida le ha enseñado que la paciencia es la mejor arma en contra de la desesperación, a lo largo de los años, Meredith aprendió como respirar, tranquilizarse, y observar las cosas con una mirada más tierna y jovial. Por esto es calmada, cariñosa y observadora, tres de los tantos valores que la hacen perfecta para liderar un grupo de personas.

Líder por excelencia, analítica y estratégica, firme y valiente, nunca nada la venció, o tal vez si lo hizo, pero habrá sido porque debía ser así, no porque ella se haya dado por vencida, no tiró la toalla en ninguna de sus dificultades, y por eso hoy, puede jactarse de ser una mujer fuerte y valiente.

Vigorosa y jovial, aunque muy severa a la hora de serlo, no permite que nadie se burle de ella y mucho menos de las normas básicas de convivencia, después de todo, ha vívido ya dos guerras terribles en el mundo mágico y sabe perfectamente que la ambición y el complejo de superioridad pueden llevar al mundo a un caos total, por esto cree que es primordial que las reglas se cumplan a como dé lugar, y a la hora de imponer su autoridad, no tiene piedad con nadie.

Autoritaria aunque por sus venas corre esa sangre de madre que la hace frágil, daría su vida por cualquiera de sus seres más queridos, y considerando que para ella todos y cada uno de los alumnos de Hogwarts, son queridos, su vida está en bastante peligro.
Una mujer justa y reconocida dama por su altruismo inacabable. Desde muy pequeña sabe perfectamente que su misión en la tierra es ayudar a los demás, y por eso está siempre lista para hacerlo, independientemente de la condición de la persona.

En el mundo mágico suelen conocerle como una mujer que ha impulsado la igualdad, se preocupó toda su vida por lograr que cada hombre, mujer y niño, en el mundo tuviera las mismas posibilidades y los mismo tratos, una característica que la ha metido en diversos problemas que han llegado hasta el mismísimo Wizengamot

Su magnífico altruismo, sin embargo, puede ponerla en situaciones complicadas, pues es capaz de ofrecer su felicidad para lograr que la humanidad tenga un futuro mejor. Su mayor debilidad es el odio y el mal, casi pueden hacerle daño con sólo ver una persona que refleja en su mirada lo vacío del dolor y la soledad, más que sentir repugnancia por aquellos que no tienen el valor de apreciar a la humanidad tal y como es, siente un profundo dolor y compasión por ellos, pues está segura de que jamás sentirán la satisfacción que ofrece el ver los ojos de un niño y saber que se convertirá en un hombre de bien sin importar su sangre, procedencia o condición.

A pesar de todo esto, Meredith es valiente a la hora de luchar, y no tendrá problema en enviar a quienes quieren dañar al mundo a vivir en Azkaban, sin embargo, se cree incapaz de matar a alguien, según uno de sus más cercanos amigos, “Meredith tiene un alma demasiado noble como para conjurar una maldición indebida, creo que ni su propia varita lo haría, aún cuando ella se lo pidiera”.

Valiente, leal, sincera, altruista, madre por naturaleza, estratega, líder innata, justa, paciente, calmada y observadora, con una mente abierta a las posibilidades y un alma noble aunque severa, no gusta de las artimañas. Su corazón late con la esperanza de que antes de morir pueda ver que todos viven en paz, y sobre todo que la libertad y la igualdad sean la bandera insignia de la humanidad.

Meredith está dispuesta a terminar con el mal antes de que empiece, y si para eso, debe usar la fuerza y la magia que a través de los años ha aprendido, lo hará. Si debe llenar las celdas de Azkaban para que Hogwarts y el mundo se mantenga en paz, encontrará la forma de hacerlo, con la ayuda de aquellos que aún creen en la libertad, la justicia y el amor por los demás.

Los matices diversos que conforman la personalidad de Meredith la han llevado a situaciones incomodas, ha estado en varias ocasiones de cara a la muerte por defender sus principios con la vehemencia que la caracteriza, ella, ya logró grandes cosas, pero está segura de que aún le quedan objetivos por lograr antes de partir, por esto, sigue y seguirá luchando por sus ideales y principios.

Por otra parte, la enseñanza, al igual que la medicina se convirtieron en unas de sus más grandes pasiones, sabe perfectamente que con estas dos profesiones puede dejar su legado al mundo y sobretodo darles a entender a las nuevas generaciones que la importancia de sobresalir ante los demás no es el dinero o el poder que se tenga, si no las lecciones que puedan dejarse para los hombres y mujeres del futuro.
Hasta ahora se siente muy orgullosa de haber pertenecido a la casa fundada por la excelentísima Helga Hufflepuff, y continúa, aún después de tantos años, llevando el nombre de su casa con mucho orgullo, con la lealtad como su más incondicional amiga y el éxito como premio obtenido por su duro trabajo.

Trabajo, que pronto tendrá que intensificarse, pues sus principios, su personalidad y su lealtad a Hogwarts, sus alumnos y el mundo, la obligaran a hacer parte activa de los tiempos oscuros que se acercan. “El mundo nunca es el mismo después de una guerra, en ellas, se aprende a vivir con el dolor, aceptar la muerte y el miedo como compañeros de viaje, y sobre todo, a apreciar aquello que tenemos y a esas personas que de una manera u otra, darían la vida por nosotros. Para así comprender, que la verdadera amistad se forja con una sonrisa, se fortalece con una lágrima y sólo termina en la eternidad” Meredith Temperley.

Ahora, Meredith confía en que juntos, todos los que decidan apoyar la noble causa del bien, podrán derrotar a aquéllos “Caballeros” Que apenas salen a la luz. Ella, está segura de que las pérdidas serán irreparables pues sospecha que el poder de los Walpurgis es más grande del que se cree, por eso está lista para que la humanidad se vea, una vez más, envuelta las sombras y la oscuridad, para cuando la luz falte, ella pueda gritar, -Lumos- Y empiece la sedición.


Gustos: Las ranas de chocolate.
El olor a túnica nueva.
El café.
Visitar la sala común de Hufflepuff en las noches, y recordar sus años allí.
Enseñar.
Sanar.
Le agrada mucho pasar tiempo con los estudiantes, compartir experiencias y escuchar sus problemas.
Le gusta mantener contacto constante con el ministerio de magia para conocer todos los detalles de las nuevas situaciones, además sabe que estando cerca puede ayudar a evitar que en algún momento el ministerio sea tomado como la última vez.

Habilidades: Es una excelente Medimaga, muchos se atreven a decir que es la mejor que ha existido en siglos.
Como maestra es paciente y comprensiva, por eso solía ganarse la confianza y el cariño de sus alumnos, porque para ellos aún hoy, cuando no dicta clase, es como una madre.
Tiene una habilidad innata para liderar grandes grupos de personas.
Tiene una facilidad para la aplicación de hechizos de defensa complicados, esto tal vez se deba a que toda su vida le ha gustado proteger a los demás.

Debilidades y miedos: Teme profundamente que llegue otro hombre tan cruel como Lord Voldemort.
Tiene miedo de que los más grandes pilares del bien caigan, el Ministerio de magia y los fieles al recto proceder.
En ocasiones sueña con que Hogwarts es tomado una vez más, esto la entristece y la asusta pero la da fuerzas para seguir luchando por mantener el colegio y sus alumnos a salvo


Disgustos: Le disgustan las personas poco flexibles y tercas.
No le agrada para nada la desorganización y aquéllas personas que les gusta que siempre les estén rogando.

Otros: Últimamente y debido a los hechos recientes, está entregada a la práctica de hechizos de defensa, aun cuando los domina casi a la perfección.




Última edición por Meredith Temperley el Miér Dic 07, 2011 5:53 pm, editado 1 vez

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Re: ♦Meredith Temperley♦

Mensaje por Invitado el Miér Dic 07, 2011 5:34 pm

Vida

Historia: “Cuando la luna está llena, hay personas que sufren. Mientras tú en tu ventana miras y piensas que es hermosa, esa hermana hecha de plata hace que algunos magos y brujas sean tan crueles e instintivos tal como el humano primitivo” Meredith Temperley, en su primer libro.

Precisamente estaba la luna llena, sentada en ese trono que en el día le pertenece al imponente sol, ella, aparentemente tan apacible iluminaba un enorme valle que se veía desierto desde la lejanía, todo parecía estar en silencio y soledad absoluta, excepto por una pequeña y débil estructura que se levantaba sobre el valle. Una casa, hecha con ladrillos de no muy buena calidad y con no más de cuarenta metros cuadrados era la morada de una solitaria familia que igual que su casa era endeble y pequeña.
El silencio, sin embargo, también se apoderaba de la casa, parecía no haber nada adentro excepto por algunos desgastados enseres y un pequeño bulto negro que se encontraba justo en la esquina más alejada y desierta de la habitación. Con las lágrimas que derramaban por su tosca piel y la sangre brotando de sus mejillas se encontraba Allegra Mckinon, una pequeña y menuda bruja con aspecto un tanto masculino que sollozaba en silencio.

En la lejanía y donde nadie podía ver nada más que árboles, se escuchaban aullidos y rugidos de una bestia que no podía identificarse totalmente desde tal distancia. ¿A caso había sido aquél bruto el que había lastimado de forma tan grave a la señora McKinon?, Y ¿Dónde estaba su esposo para defenderla?.

Preguntas que no tenían respuesta alguna en ese momento, pero que pronto dejarían en evidencia la triste rutina de la familia y los tormentos que tendrían que vivir de aquélla noche en adelante. ¿Por qué? Sencillo, en la habitación no había solamente una persona como parecía ser, pues en lo más profundo del cuerpo de la señora McKinon pateaba fuertemente una criatura que apenas si era más grande que el pan que comía la familia cada día.

Sí, la señora McKinon estaba embarazada, y peor aún, estaba a punto de dar a luz, allí, sola, sin su marido. Hacía ya varios minutos que el trabajo de parto había comenzado, pero el dolor que sentía la mujer era tan fuerte que no le permitía ponerse de pie para encontrar una postura más favorable para el bebé.

Las contracciones se detuvieron de pronto, el dolor desapareció por tan sólo unos segundos y entonces la señora Mckinon se arrastró por el suelo hasta llegar a su cama, intentó subir en dos oportunidades pero fue inútil, el dolor ya había regresado y no podía moverse un milímetro más.
El bebé estaba a punto de nacer, la luna ya casi se escondía completamente y el sol se acercaba por el horizonte. Entonces McKinon, con el dolor y la rabia a flor de piel, arrancó sus vestidos y los rasgo con la fiereza de un león, pujó con fuerza y lentamente inició por sí sola el trabajo de parto que estaba destinado a comenzar hacía ya unas horas.

La respiración entrecortada y los gritos de dolor agudos y fuertes retumbaban en la solitaria habitación. El tortuoso nacimiento estaba a punto de culminar y el sol ya empezaba a iluminar el valle desierto, entonces… La puerta se abrió súbitamente y un hombre delgado, con el rostro alargado y todo ensangrentado entró a la habitación con una pierna bañada en sangre y su mano tratando de contener la hemorragia.
La mujer que ya podía sostener la mayor parte del cuerpo de su hija suspiro aliviada por un momento y luego continúo gritando con su esposo, el señor Temperley, a su lado, tomando su mano y con su cuerpo tan ensangrentado como el de su señora esposa.
Pasaron pocos minutos después de la llegada del hombre de la casa antes de que la niña recién nacida llorará por primera vez, dejando en claro que estaba viva, sana y salva. Los brazos del señor Temperley recibieron a su hija bañada en la sangre de sus padres, y éste, sin poder moverse mucho, la envolvió en una sábana y la puso en brazos de su madre que la miraba anonadada y con las lágrimas de dolor y ternura que se resbalaban por su rostro, luego de hecho esto el hombre tomó una varita que se encontraba puesta cuidadosamente en una destruida mesa de madera y tomando a su familia por el brazo se apareció justo en la sala de espera del hospital San Mungo, de accidentes y heridas mágicas.

Al llegar al lugar, muchas personas que esperaban pacientes su turno de ser atendidos por algún sanador, se sobresaltaron o se conmovieron con la escena que estaban viendo. Un hombre y una mujer con su niña en brazos, bañados en sangre y heridos por todas partes, muchos maquinaron en su cabeza algún tipo de heroica explicación para aquello, tan fantástica que casi ofendía la gravedad de la situación en la que se encontraba la familia Temperley.

De inmediato los tres individuos fueron atendidos por sanadores de San Mungo, el padre, Lenin, fue llevado a una sala aparte mientras su esposa e hija fueron encargadas a una sanadora muy experimentada en partos difíciles y niños con problemas posnatales.
Pasaron dos días antes de que la familia pudiera reunirse por fin, Lenin pudo visitar a su familia con algunas vendas y un par de rasguños en la cara, estaba curado y ya podía irse, sin embargo, la señora McKinon había perdido mucha sangre por lo que debía quedarse, en cuanto a la niña, parecía estar bien, un poco perturbada según la sanadora pero estaría bien, una noticia que alegraría a cualquiera, especialmente después de lo sucedido.

Los días siguientes fueron un caos total para la familia. Según el reglamento del hospital, debía aclararse la situación por la cual la familia había llegado a San Mungo en circunstancias tan deplorables y sobre todo, por qué no se había solicitado la ayuda a un experto para el parto de su hija. Todo era rutina, debían hacer una interrogación a todos y cada uno de los pacientes, “Para estadísticas” aseguró el sanador que parecía ser administrador y jefe del lugar.

Las primeras preguntas parecían más que pacificas, solicitaron nombres, apellidos, lugar de residencia, estatus de sangre y algunas otras cosas de poca relevancia, pero el problema inició cuando decidieron ahondar en las causas de todas las heridas producidas a la familia, entonces llegó al fin la explicación.

Según la versión dada por los esposos –Que se supone, es real- El señor Timberley padecía de una condición un poco incomoda para la convivencia, él había sido mordido por un desconocido hombre lobo cuando tan sólo tenía quince años, y por tal motivo se había convertido, al igual que su atacante, en un amante de la luna.

Luego de esta explicación todo empezó a encajar, Lenin estaba en casa, preparado para irse a pasar la última noche del ciclo lejos de su hogar, tal como era costumbre, cuando estaba a punto de irse las contracciones de su esposa empezaron y no tuvo más opción que quedarse sin tener en cuenta los riesgos que esto suponía, y dominado por los nervios olvidó completamente que debía alejarse. Cuando la luna llena se hubo asomado por las altas montañas su transformación fue rápida e irrefrenable y con el instinto carnívoro y asesino a flor de piel, atacó y rasguñó la cara de su esposa en diversas oportunidades antes de que ésta lo alejara de allí con varios hechizos que impactaron de lleno contra el descontrolado hombre lobo que minutos antes intentaba ayudar a su esposa.

Los recuerdos del señor Lenin desde aquel momento eran muy imprecisos, recordó y confesó que tuvo una pelea con otra criatura mágica pero fue incapaz de reconocer qué tipo de criatura había sido la causante de sus heridas; la señora McKinon, por su parte, relató con pesar el dolor que había sentido y la precisa llegada de su marido justo cuando sentía que ya no podría continuar con aquel martirio.
El interrogatorio terminó de esa manera y el sanador que había hecho todo el proceso admitió que era una historia extraña pero que iba a pasar por alto algunos detalles que podrían llegar a perjudicar a la familia, éste, aseguró que era su regalo por la llegada de su hija, quien por cierto, en aquel momento ya estaba autorizada para salir y volver a su hogar junto con su madre y su padre.
La familia podía irse, sin embargo, ya estaba muy entrada la noche cuando la sanadora que los había atendido les dio la autorización para irse, así que con previa orden de la administración del hospital, la familia debió quedarse allí hasta el día siguiente.
El sol amaneció esplendoroso y radiante, sus rayos chocaban contra las ventanas del blanco hospital y se colaban finos ases de luz por ellas. La familia Temperley ya estaba lista para irse, con las pocas cosas que había llevado Lenin al hospital justo cuando lo dejaron salir. Estaban ya cerca de la puerta cuando tres hombres, uniformados con túnicas azules y blancas se colaron en la estancia y detuvieron a la familia, ellos, extrañados y sin mucho más que hacer no tuvieron más remedio que quedarse allí de pie mientras los hombres susurraban algo al oído del administrador y éste hacía lo mismo con ellos.

Pasados unos minutos, el hombre que parecía encabezar a triada se acercó a la familia y los miró fijamente. Allegra tenía a su hija en brazos y Lenin tenía su brazo rodeando la cintura de su esposa, ambos hombres se miraron fijamente y con una voz grave y autoritaria habló el uniformado -Usted debe acompañarnos señor Temperley- Exclamó y de inmediato hizo una seña a sus acompañantes que con varita en mano se acercaron al susodicho.

-¿Qué, por qué?- Inquirió el hombre sobresaltado mientras se liberaba de las manos de los caballeros que lo tomaban por los brazos. -Usted ha sido catalogado por el Departamento de Control Y Regulación de Criaturas Mágicas del ministerio de magia Inglés como un hombre lobo peligroso y fuera de control, debe acompañarnos para una inspección de su estado- Dijo de nuevo la voz autómata y entonces Lenin lo comprendió.

El señor Temperley miró de reojo a su mujer que de inmediato comprendió lo que sucedía, ella se alejó precipitadamente de su esposo, quien con suma agilidad tomó su varita y aplicó un encantamiento paralizante contra uno de los hombres que intentaba arrestarlo, la reacción fue inmediata y entonces todo fue un caos. La señora McKinon dejó su bebé en brazos de una de las sanadoras jóvenes que no tuvo más opción que esconderse detrás de la una pared para evitar los hechizos que lanzaban a diestra y siniestra los funcionarios del ministerio y el señor Temperley.
Allegra se unió a la batalla junto a su esposo equilibrando así la pelea, eran dos contra dos y los trabajadores del hospital gritaban desde sus resguardos que se detuvieran en el instante siguiente, orden que por supuesto ninguno de los dos bandos estaba dispuesto a cumplir.

Los hechizos rebotaron aquí y allá, la estancia quedó casi destruida y la calma se apoderó del lugar por un segundo, la pareja de esposos, confiados en que todo había terminado salieron de su escondite con tan mala suerte que los funcionarios del ministerio los esperaban justo en frente de ellos y ambas maldiciones de desarme impactaron el cuerpo del señor Lenin que cayó hacia atrás y golpeó una silla con su altísimo cuerpo. Ambos hechizos podrían haber dejado inconsciente a cualquier mago corriente, pero la sangre lupina que corría por las venas de Lenin le permitió levantarse y contraatacar con su esposa con más ahínco que antes.

Luego de esto no es mucho lo que hay que contar, ambos funcionarios cayeron desmayados al estar desprotegidos de los hechizos de sus oponentes y de inmediato la familia salió de allí con su hija en los brazos de su madre una vez más.
Aparecieron en su casa, pequeña pero acogedora, no había tiempo de nada, todo debía hacerse con suma rapidez, o sus vidas estarían en peligro una vez más, la niña permaneció en la cama con las lágrimas que aún se derramaban por su rostro por el miedo que le había provocado todo el ruido en la sala del hospital, sus padres corrían de un lugar a otro llevando cosas aquí y allá, gritando improperios, dando órdenes y profiriendo sonidos bastante extraños.

La niña, confundida, se limitó a dar pataditas en la cama y hacer un par de pucheros hasta que su madre la tomó en brazos y se esfumaron del lugar con algunas maletas y dos escobas. Tanto Lenin como Allegra sabían perfectamente que al desaparecer de su hogar sería muy fácil que los funcionarios del ministerio los encontrasen, por esta razón llevaban consigo dos escobas barredoras con las que volaron lejos del bosque donde habían aparecido, un bosque ubicado a unas cuantas millas de la casa de los padres de Allegra, abuelos de la niña que días después bautizarían con el nombre de Mederith, Mederith Temperley McKinon, la próxima bruja de la familia.

Luego del bautizo todo parecía estar bien, el Ministerio había perdido su rastro y Meredith era más que feliz viviendo con sus abuelos, al igual que
Allegra quien después de unos meses encontró un empleo como vendedora en una extraña tienda del callejón knockturn, la paga no era demasiado buena, pero podría ayudar a sus padres con el sostenimiento de la casa y la comida.

Por su parte, Lenin, cada vez estaba más deprimido, vivir con sus suegros no le hacía nada de gracia y la falta de intimidad ya lo estaba matando, su esposa estaba cada vez más entregada a su trabajo y a Meredith, por lo que no podía dedicarle tiempo, y él, sin poder conseguir un empleo debido a su condición, se veía obligado a quedarse todo el día en casa de sus suegros, cuidando a su hija y aguantando a su detestable suegra con su manía por al trabajo, la limpieza y la pureza de la sangre, según su suegra, el ser hombre lobo lo convertía no sólo en un ser inútil socialmente, si no también inútil para la vida misma, su destino debía ser morir solo y triste en una celda de Azkaban, y no podía entender como su hija lo amaba, pero por el amor que ella profesaba a Allegra no lo entregaba al Ministerio, que hasta aquel momento no daba con su paradero.

Habían pasado ya dos años desde el nacimiento de Meredith cuando el Ministerio pareció encontrar algo, era una tarde de sábado y Allegra disfrutaba de su día de descanso tomando el poco sol que se calaba por entre las densas ramas de los árboles del bosque.
Meredith caminaba tambaleante alrededor de su madre mientras ésta, con los ojos cerrados trataba de dormir un poco, Lenin limpiaba el ático por orden de su suegra, mientras ella, junto con su esposo, preparaban lo que sería la cena de aquella noche.

Todo parecía estar en inmensa calma cuando… ¡Crack¡ Un sonido bastante común en el mundo mágico sobresaltó a la señora McKinon que abrió los ojos, se levantó y observó como tres hombres subían las escaleras del porche antes de dirigirse hacia ella. Todo era igual que aquella vez, tres hombres uniformados con túnicas azul y blanco, esta vez, todos ellos llevaban en el pecho una insignia que plasmaba un escudo, a cada lado del escudo –Y eran cuatro- Se encontraba una criatura mágica, un gigante, un dragón, una acromántula y por último, un hombre lobo.
La triada de caballeros se acercó a Allegra y con tono jovial saludaron mientras ésta tomaba a su hija en brazos y la ponía contra su pecho, donde ellos no pudieran hacerle daño. Las voces resonaron fuerte en el lugar y luego preguntaron -¿Es usted la señora Allegra McKinon, esposa del señor Lenin Temperley? Esta vez sólo habló uno de ellos mientras los otros dos hombres miraban fijamente el rostro de la interrogada -Sí, digo… No, no soy su esposa, nos separamos- Respondió y la mirada de los tres caballeros se clavó en la niña -Ella es mi hija- Explico Allegra con un dejo de preocupación en su voz y de inmediato aparecieron sus padres en la puerta, -Y ellos mis padres, esta es su casa- Aclaro señalando con un movimiento de cabeza a los recién llegados -Vivo con ellos desde que… Bueno, desde que deje a mi esposo- Replicó y luego se mantuvo callada ante la mirada inquisidora de los funcionarios del Ministerio.

-Bien, tendremos que dar un vistazo a la casa, algo de rutina- “Rutina, qué basura es esa, malditos inútiles” Pensó Allegra, sin embargo sonrió y dejo a su hija en brazos de la abuela para hacer pasar a los tres hombres, rogando que su esposo se hubiera percatado del peligro.
La revisión de toda la casa fue rápida, Allegra, quien guió a los hombres a través de la enorme estructura, evitó llevarlos al ático hasta el final, una vez allí, habló por fin después de tanto silencio -Allí arriba está el ático, nunca lo usamos, será necesario? Preguntó con la esperanza de que su respuesta fuese negativa, pero sus intentos no fueron lo suficientemente buenos -Sí, lo es señora McKinon, lo siento- Dijo el hombre y disculpándose con la mirada prosiguió con sus compañeros cubriéndole la espalda.

El ático no era menos grande que la casa y estaba completamente desorganizado –Podía notarse que Lenin no había estado precisamente organizando el lugar- Todo parecía demasiado quieto y oscuro para que hubiese alguien allí así que el funcionario, miró todo el lugar y resignado, dijo No parece haber nadie aquí, Homenum Revelio- Pronunció al final con un suave movimiento de varita, lucho asintió y bajó hasta la sala de estar, donde se encontraban Meredith y sus abuelos esperando.

Al llegar allí, Allegra y su madre se miraron por un momento con complicidad antes de que el hombre interrumpiese con su voz gutural -Esa niña, ¿es hija de su ex esposo?[-/b] Preguntó y sacó una vuelo pluma que empezó a escribir rápidamente lo que parecía ser un informe [b]-Sí-[/b respondió y se acerco a su familia para tomar a su niña en brazos, -Ya no era tan liviana como hacía unos años-. El hombre observó por un segundo y luego continúo [b]-Bien, tengo entendido, señora McKinon, que su ex esposo, Lenin Temperley se encontraba en una condición no muy cómoda en cuanto a su sangre- Se detuvo y pareció titubear -Usted y la niña deben acompañarme al Ministerio, debemos hacer unas pruebas para cerciorarnos de que la niña no heredó esa condición- De nuevo su voz se cortó y su mirada se hizo más severa y tosca -En caso de que la niña haya heredado la condición de su padre- Carraspeo y siguió Tendremos que registrarla en nuestra base de datos y hacer un seguimiento continuo de su comportamiento, espero que entienda- Y se hizo el silencio.

-No, no lo entiendo- Dijo Allegra después de un tiempo -No cree que si mi hija fuera una mujer lobo, yo ya lo habría notado?- Inquirió con la rabia que refulgía en sus ojos, ¿Cómo se atrevía ese hombre a ir a su propia casa y pretender llevárselas de esa manera? -Entiendo su posición señora McKinon, pero el Ministerio debe cerciorarse de que todo está en orden, es cuestión de unos exámenes de rutina y podrán volver a casa- “Rutina, ellos y su maldita rutina” Pensó y luego habló decidida -¿Y si me niego?- Allegra miró con furia al líder de la triada y esperó paciente su respuesta -Tendremos que obligarla- Le dijo y asintió levemente. De inmediato sus acompañantes empuñaron la varita y dieron un paso adelante, lo mismo hicieron los padres de Allegra y ella misma, poniendo a su hija detrás de la familia. ¡Guarden todos sus varitas, iré con ustedes ¡ Inquirió resignada, guardó su varita y tomó a su hija de la mano, luego al funcionario y con una mueca de inconformidad se despidió de sus padres para materializarse en el Ministerio unos segundos después.

Los “Exámenes de rutina” Terminaron siendo una serie de crueles y despiadadas pruebas para la niña que después de un día muy pesado para ella, regresó a casa y cayó en un sueño más profundo que el mismo mar, Allegra, por su parte, se reencontró con su marido que comía un poco de sopa cuando aparecieron en la sala -Debes irte- Le dijo cuando Meredith se hubo dormido -¿Qué?- Preguntó Lenin preocupado -Debes irte, el Ministerio sospecha, no quiero otra visita como la de hace dos años, o la de hoy, debes irte, es lo mejor para todos- Respondió mientras una lágrima caía por su mejilla -Irme, pero.. ¿A dónde? Inquirió su esposo y dejo la cuchara caer sobre el plato ya casi vacío -No lo sé Lenin, encuentra otro lugar para vivir, has otra vida- Las lágrimas seguían derramándose por el rostro de Allegra que no dejaba de ver los ojos de quien por años había sido su única compañía -¿Y nosotros, y Meredith? Interrogó de nuevo el hombre lobo -¿Nosotros? Lenin hace mucho tiempo que ya no hay un nosotros, han pasado meses desde la última vez que me besaste, nosotros… Ya no hay un nosotros- Luego de dicho esto, suspiró y continúo tratando de calmarse A Meredith podrás verla cuando quieras, sólo envía una carta y puedes venir. Intenta no quedarte aquí mucho tiempo en las visitas, podría ser peligroso- Y esta vez fue Lenin quien sucumbió ante el dolor, y empezó a sollozar en silencio.

-Cálmate ya querido- Le dijo cariñosamente Allegra. Entretanto, Meredith abrió sus pequeños ojos y sin entender nada, creyó hacerlo -Bien, si es eso lo que quieres- Exclamó Lenin con suavidad y sacó su varita apuntando hacia sus cosas que se encontraban regadas en la habitación contigua !Bauelo¡ Conjuró y todas sus pertenencias se apretujaron en un enorme baúl negro, que con otro movimiento de varita, voló y se posó delicadamente junto a los pies de Lenin.
Allegra se acercó a su esposo y lo besó suavemente, acarició su rostro y con la voz cortada le dijo -Cuídate mucho mi pequeño lobo- Y lo besó una vez más, Lenin, por su parte, no dijo nada, no sabía que podía decir, además, su garganta estaba completamente obstruida por un gran nudo que no lo dejaba hablar. El hombre lobo se acercó a la cuna de su hija y la miró fijamente, sus pequeños ojos también se clavaron en los de su padre y éste le dio un beso en la frente, luego, sollozando, caminó hasta la puerta y miró por última vez a su esposa que se encontraba de pie junto a la cuna de Meredith, luego… Desapareció.

Los meses siguientes a la partida de Lenin fueron más calmados, la señora Dora, madre de Allegra, fue mucho más feliz con la partida de su yerno, Horace, su esposo, no tanto, después de todo era Lenin quién le ayudaba en ocasiones a descubrir los acertijos de su trabajo, a espaldas del ministerio claro está –El señor Horace trabajaba hacía ya veinticinco años en el Departamento de Misterios del Ministerio Inglés, era un inefable-.

Sin embargo, en dos años que pasaron, Lenin visitó la casa de la familia McKinon más de diez veces, le gustaba ir antes del ciclo de luna llena, pues era cuando estaba de mejor humor y aspecto, según le contaba a su esposa y a sus suegros, había conseguido un pequeño terreno en el campo, muy parecido al valle donde vivían antes del nacimiento de Meredith, y estaba construyendo una nueva casa para él, pequeña, pero muy acogedora, tal como en los viejos tiempos.

Las buenas noticias sobre su esposo alegraban mucho a la señora Allegra ya que por esos días, en los que Meredith estaba a punto de cumplir tres años, ella estaba de mal humor, el trabajo se volvía cada vez más pesado y su padre se hacía viejo, pronto ya no podría trabajar más y entonces la pensión y su salario no serían suficiente, la tensión estaba en aumento.

Aunque las dificultades aumentaron en los años próximos al cumpleaños número tres de Meredith, las cosas no cambiaron demasiado. Allegra continúo con su trabajo, debía trabajar hasta por las noches, muy tarde, así que Dora se encargaba de los cuidados de la niña, y Horace ya estaba a punto de jubilarse cuando la pequeña Meredith, con seis años, mostró sus primeros talentos con la magia.

Era veintiséis de diciembre, recién acababa de pasar la navidad y Allegra le había regalado a su hija una pequeña bola de cristal –De esas que agitas y empieza a nevar- Meredith estaba encantada, caminaba por toda la casa agitando fuertemente el pequeño mundo que se encontraba dentro del cristal y sonreía al ver que empezaban a caer pequeños copos de nieve.

Aquel día, en la mañana hacía un sol inusualmente esplendoroso y Allegra leía a su hija en el porche una de las cartas de navidad enviadas por Lenin, su padre. El hombre lobo decía que estaba bien, un tanto cansado –Se encontraban en el ciclo lunar que lo afectaba, la luna llena- Y que había tenido de nuevo un pequeño encontronazo con ese dragón que le gustaba volar cerca de su casa, había sufrido algunas heridas, pero nada grave. Mientras Allegra leía en voz alta las palabras del padre de su hija, Meredith jugaba con la bolita de cristal, y de pronto preguntó con su aguda y dulce voz de niña -¿Por qué no cae nieve aquí mami?- Allegra detuvo la lectura al instante y respondió a su hija con una sonrisa en el rostro -Hija, el clima es una de esas tantas cosas misteriosas que nunca vamos a entender- Le dijo, y Meredith, con cara de sorpresa volvió a agitar la bolita de cristal y agitó sus pequeñas piernitas al ver que los copos volvían a caer -Quiero que caiga nieve…-
Dijo asombrada y entonces… Pequeños copos de nieve empezaron a caer sobre su cabeza, el resto del lugar permanecía igual de soleado pero sobre ella caían pequeños y muy finos copos de nieve, estaba nevando, era una nevada personal.
Aquel día Meredith fue tan feliz que casi se olvidó de la bola de cristal, su propio cuerpo parecía ser el mundo nevado, ya no necesitaba agitar la bolita para ver caer nieve, lo estaba viendo allí mismo. Allegra no podía creerlo, su pequeña niña ya era una bruja, la magia ya empezaba a salir por sus poros, y de inmediato escribió a su esposo.

Lenin llegó a casa de los McKinon cinco días después de recibir la carta de su esposa en la que le informaba que Meredith había dado sus primeros indicios de magia, llegó allí algo rasguñado y golpeado y con una enorme caja llena de varitas de regaliz, la señora Dora le dio un buen plato de sopa y dejó que se divirtiera un momento con Allegra y Meredith, parecían felices, eran felices.
Cuán despiadado y certero es el tiempo, los años pasaron y pasaron, entonces los rostros de Dora y Horace no fueron los únicos que se hicieron viejos, Allegra y Lenin ya empezaban a notar en sus cuerpos y corazones que los años no llegaban solos y que el legado de sus enseñanzas serían lo único que le quedaría a su ya no tan pequeña hija. Meredith se había convertido en una niña de diez años muy cariñosa, comprensiva, leal y humilde, la magia era parte esencial de su vida, en ocasiones tomaba la varita de su madre y accidentalmente causaba algún desastre en la casa, su padre seguía visitándola y esperaban, los tres, una invitación para ese lugar donde tanto Allegra como Lenin se habían formado, la primera en la casa de Godric Gryffindor, el segundo, en la de Salazar Slytherin, esperaban la carta de Hogwarts.
Una carta que llegaría, ¡Oh claro que sí¡, era diez de Agosto de 1988, la tarde era cálida y los pájaros cantaban fuera de la casa, pero uno lo hacía más fuerte que los demás. Una lechuza marrón chillaba fuertemente y golpeaba la ventana de la sala. Allegra estaba trabajando, Meredith dormida y Dora se encontraba en la cocina, preparando la comida, fue ésta última la que abrió la ventana suponiendo que se trataba de una nueva carta de Lenin, pero pronto descubrió que la lechuza en cuestión no pertenecía al hombre lobo, entonces vio el sello de Hogwarts que adornaba la carta mientras la inquieta lechuza volaba en círculos.

Dora extendió su mano y la lechuza se posó obediente en ella, la señora extrajo la carta y la puso sobre el mesón, le dio un pedazo de pan a la lechuza y ésta, agradecida, salió volando por la misma ventana de su entrada. De inmediato Dora tomó un pedazo de pergamino, una pluma y escribió a su hija dándole la buena noticia, tomó la lechuza negra que descansaba en lo más alto de la casa y envió la carta hasta el callejón knockturn, donde trabajaba su hija.

Allegra recibió la carta de su madre con gran felicidad, ese día pidió permiso a su jefe para irse antes a casa y afortunadamente lo consiguió. Cuando se apareció en la puerta de su hogar, encontró a Mederith sentada muy sonriente en la sala repasando por enésima vez la lista de materiales que debía conseguir para el colegio, estaba tan emocionada como su madre, quien de inmediato informó a Lenin.
El lupino caballero no tardó más de unas horas en llegar a casa de sus suegros. La celebración por el recibimiento de la carta de Hogwarts invadió de felicidad los corazones de toda la familia, aun el de Lenin, que pasaba por una situación muy complicada, una situación que lo había obligado a dejar su casa, pero claro, obviamente él no había pensado en decirle a Allegra, pues no quería preocuparla y mucho menos darle problemas, después de todo se había alejado de ellas precisamente para evitarlos.
La fiesta duró poco y pronto Lenin regresó a lo que ahora era su hogar, las calles. Su casa, que con tanto esfuerzo había construido, había sido destruida por un grupo de magos que al parecer trabajaban para el Ministerio y buscaban a aquéllos fugitivos de la ley que los funcionarios no podían encontrar, el ataque había sido completamente improvisto pero afortunadamente el hombre lobo no se encontraba allí al momento del asalto.

Las preocupaciones se arremolinaban en su cabeza, vivir a la intemperie y tener que desplazarse con regularidad para no ser encontrado era más que un tormento, por esta razón los días siguientes a la fiesta no pudo comunicarse con Allegra, ni ella con él, cosa que la frustraba. En algunas ocasiones pensaba que algo le había sucedido o que simplemente las había abandonado, sin embargo estaba segura de que él sería incapaz de hacer algo como eso, el amor que le profesaba a ella y a su hija era mucho más grande que el mismo cielo, así que simplemente decidió esperar a que su esposo reapareciera.

Los días pasaron y Lenin no apareció, Allegra tenía la esperanza de que podría compartir con él ese momento en que irían al conocido Callejón Diagon a comprar los elementos necesarios para el primer año de Meredith en el colegio, sin embargo, la respuesta a sus cartas nunca llegaron.
Era veinticuatro de agosto cuando Allegra despertó. El clima aún era un tanto cálido y el sol alumbraba su habitación. Al salir de ella y caminar hasta la sala de estar se encontró con su hija, completamente vestida con una pequeña túnica púrpura y su cabello arreglado, lista para salir. Estaba tan emocionada, había esperado ese día por tantos meses que Allegra no pudo evitar arreglarse rápidamente para irse de inmediato.
Una vez Allegra hubo comido y estuvo arreglada, se acercó a su hija y la besó en la frente, se despidieron de Dora y Horace y se metieron en la chimenea. Primero, Meredith dio un paso adelante y tomó una pequeña cantidad de polvos verdes en su mano. Aquel sería su segundo viaje por medio de polvos flu, miró a su madre sonriente y de inmediato dejó caer los polvos sobre sus pies diciendo con claridad -Callejón Diagon- Entonces unas llamas verdes y enormes la envolvieron para llevarla hasta una entiznada chimenea del callejón Diagon donde unos segundos después de materializó su madre vestida con una túnica verde y un pequeño bolso del mismo color.

El lugar estaba completamente lleno de niños y jóvenes que iban de aquí para allá mirando todo lo que había en las vitrinas, algunas madres corrían tras ellos intentando que ponerlos a su lado y que se quedaran quietos, intentos que quedarían frustrados por la gran energía que tenían aquéllos niños. Meredith por su parte no se alejaba de su madre, caminaron con parsimonia ejemplar hasta llegar a la tienda de túnicas “Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones”. Allí compraron un par de túnicas del colegio Hogwarts, de magia y hechicería, túnicas que unos días después se verían teñidas con el color de su casa que aún desconocía.

Luego de esto se dirigieron a “La botica Slug & Jigger” Allí adquirieron algunos ingredientes para las pociones, luego el emporio de las lechuzas donde compraron un maravilloso ejemplar, con plumas suaves y marrones, después, la librería “Flourish y Blotts” Para ir por último ir a Ollivander’s, para adquirir su varita.

Al entrar en el local una pequeña campanita que colgaba encima de la puerta anunció su llegada, entonces, a lo largo de los corredores interminables de la tienda apareció un hombre delgado y un tanto anciano, con facciones que recordaban a las de un duende y una piel pálida con apariencia muy extraña. El cabello revolcado y blanco por los años le daba un deje de locura a su aspecto, era el señor Garrick Ollivander, reconocido fabricante de varitas y descendiente de una de las familias más reconocidas en dicha profesión, el hombre habló con voz chillona y apacible -Allegra McKinon. No me diga señorita, ¿es esa su hija?- Inquirió el hombre clavando su pupila grisácea en la niña. Allegra asintió sonriendo y se acerco al mostrador -No tenía idea ¡- Dijo el hombre y paseo su mirada por la tienda, buscando a alguien que sabía perfectamente no estaba allí -¿Y su padre?- Interrogó de nuevo curioso a lo que McKinon respondió -Lenin Temperley, no ha podido venir por motivos personales- Respondió con mirada cancina y bajó un tanto su cabeza -Claro, claro, vaya suerte la de ese chico, claro que lo recuerdo ¡- El señor Ollivander ensombreció sus facciones, como si recordar la suerte del hombre lobo lo entristeciese, pero luego clavó los ojos en Meredith y sonrió levemente -Bueno, acércate entonces querida, vamos, ¿cuál es tu nombre?- La sonrisa de Ollivander parecía querer remediar el dolor de Allegra que seguía mirando el suelo recordando su esposo -Meredith, Meredith Temperley McKinon- Exclamó firmemente y miró a su madre de refilón, quien al darse cuenta de esto, la miró también y sonrió orgullosa Bueno Meredith acércate, veamos- La niña caminó despacio hasta el mostrador y el afamado fabricante se perdió en los pasillos alargados.

Unos segundos después regresó con una pequeña caja alargada y la abrió, dentro de ella había una delgada varita, un poco corta. Meredith se acercó emocionada y tomó la varita con suavidad -Vid y pelo de unicornio, 25 centímetros, cómodamente flexible- Explicó el experimentado hombre mirando a Allegra mientras Meredith agitaba suavemente la varia, al hacerlo, un vidrio ancho y largo que cubría el mostrador, se rompió en mil pedazos y voló por todo el lugar.

Los tres individuos se cubrieron con suma rapidez. Al ver el desastre causado, Meredith dejó la varita en su caja y el señor Ollivanders, negando con la cabeza se perdió una vez más por los callejones. -Veamos, tal vez, esta..- Dijo a su regreso y reveló otra varita más, casi del mismo largo aunque un tanto más gruesa -Acacia, 25 centímetros, pluma de fénix, muy flexible- Replicó una vez más y Meredith la agitó… La varita voló por los aires hasta chocar contra la pared de ladrillo, chisporroteo un par de veces y luego llegó justo a la mano del fabricante que negando una vez más, se perdió en la oscuridad.

-Supongo que…- Empezó a decir el anciano luego de regresar y descubrió una varita, mucho más larga que las anteriores e igual de delgada a la primera -Aliso, 30.2 centímetros, fibra de corazón de dragón, rígida- Meredith con cuidado agitó de nuevo la varita y un remolino la envolvió, de inmediato se sintió en calma, como si hubiera encontrado a su alma gemela.

El fabricante sonrió satisfecho y se dirigió a la niña -Una varita muy especial, sé que te cuidará muy bien, a ti y a los demás- Le explicó y luego observó sonriente a la madre quien sacó unos cuantos galeones de su bolso y pagó el costo de la varita. -Buena suerte señoritas- Se despidió el anciano al mismo tiempo que ambas salían de la tienda, Meredith se giró para observar una vez más al anciano, pero cuando lo hizo, éste ya se había perdido de nuevo en los corredores oscuros.

La visita al callejón Diagon no duró mucho tiempo más, ambas, madre e hija visitaron un par de tiendas más y luego se dirigieron a Gringotts, el banco de los magos donde guardaron el poco dinero que les había quedado de sus compras. Meredith estaba encantada, su varita se balanceaba en sus manos de un lado a otro, no podía dejar de tocarla y de hablar sobre todo lo que podría hacer con ella, pero su madre no la escuchaba, ella pensaba en su esposo.

Las palabras de Ollivander habían afectado un poco más de lo esperado a la señora McKinon “Vaya suerte la de ese chico” Había dicho el fabricante de varitas al mencionar a Lenin, él sabía perfectamente de su condición, y probablemente también de su estado de prófugo, todo era demasiado difícil para el pobre lupino.

Al llegar a casa Meredith parloteo casi hasta media noche con sus abuelos sobre su varita y todo lo que había adquirido aquella tarde, hablaron un poco de Hogwarts y sus abuelos le contaron historias realmente magníficas. Allegra, por su parte, estuvo muy callada toda la noche y decidió ir a dormir temprano, dejando a su hija a cargo de Dora y Horace.

Los días que presidieron la visita al callejón Diagon fueron horribles para Allegra, escribió tres cartas más a su esposo y de nuevo no recibió respuesta, entonces supo que era hora de tomar cartas en el asunto y planeo un viaje a casa de Lenin, justo después de dejar a Meredith en la estación.

El primero de septiembre a las diez de la mañana, Allegra, Dora, Horace y Meredith se encontraban en la estación King’s Cross. Un enorme baúl, una lechuza y la varita que llevaba en su bolsillo trasero eran el equipaje de la niña que estaba a punto de partir, a las diez y media atravesaron el muro comprendido entre los andenes nueve y diez, para llegar así al andén 9 y ¾, el expreso directo a Hogwarts.

El enorme y rojizo tren le recordó a Allegra aquéllos días de colegio donde no tenía nada que preocuparse y cuando Lenin no debía esconderse por su condición de hombre lobo, la niñez había sido una etapa sencilla pero ahora debía ver partir a su hija e ir ella misma a buscar a su esposo. -Promete que vas a portarte bien, has mucho amigos..- Le recomendó Allegra a Meredith antes de subir al tren -Sí mami- Respondió su hija con una sonrisa de oreja a oreja y recibió un beso en la frente de parte de su madre, uno en cada mejilla de sus abuelos y subió al tren -Voy a escribirte cada semana- Inquirió Meredith antes de sumergirse en la multitud dentro de la locomotora y sonrió al ver a su madre asentir, entonces, segundos después, el tren empezó su camino y desapareció en el horizonte con la mirada de todos los padres el él, Meredith se había ido y era hora de saber qué le pasaba a Lenin.

Después de que el tren desapareció, Allegra miró con nostalgia a sus padres y los abrazó con fuerza -Espero estar esta noche en casa- Recalcó y sus padres asintieron juntos. -Cuidate mucho- Exclamó Horace y entonces Allegra desapareció para materializarse segundos después en un extenso y basto valle, tal y como lo había descrito su esposo, muy parecido a aquel donde habían morado antes del nacimiento de su hija.

El valle parecía estar desierto, y a lo lejos podía divisarse lo que parecía ser una estructura derrumbada. Con lágrimas en los ojos, Allegra corrió hasta el lugar, al llegar allí sólo encontró escombros, y todas sus cartas encima de ellos. Algunos de los sobres que había enviado estaban completamente intactos, otros, por su parte, se hallaban quemados, rasgadas y hasta mordidos.

Era devastador ver algo así. La casa que Lenin había construido con tanto esfuerzo estaba destruida, y él, probablemente estaba muerto. ¿Acaso el Ministerio podría ser tan cruel? No había manera de saberlo, y el silencio reinaba en el lugar hasta que se escucho un ¡Crack! Simultaneo y cuatro hombres, con varita en ristre, aparecieron alrededor de Allegra. -¿Dónde está mi esposo?- Gritó la mujer histérica al tiempo que tomaba su varita y apuntaba al pecho de uno de los hombres -Precisamente eso queremos saber- Respondió con voz calmada y aguda. El corazón de Allegra volvió a palpitar, no estaba muerto, Lenin aún vivía y probablemente estaba a salvo de aquellos bandidos -¿Quiénes son, por qué hicieron esto?- Interrogó de nuevo Allegra pero lo único que recibió como respuesta fueron las risas de sus oponentes y un hechizo que la mujer rechazó con suma agilidad.



La casa de la familia McKinon se encontraba en silencio, ambos ancianos, Dora y Horace, se miraban los rostros en la sala de estar y parecían más perturbados de lo normal. El sol ya empezaba a esconderse y su hija, Allegra, no daba aviso alguno de su paradero, la tensión iba en aumento cuando una enorme y fornida lechuza irrumpió en el lugar y dejó caer a los pies de Horace una carta para luego retirarse rápidamente. Los esposos, sorprendidos y emocionados con la idea de que podrían ser noticias sobre su hija, tomaron el sobre pero al ver la caligrafía con que estaba marcada, se llevaron más que una decepción.

Una caligrafía descuidada y temblorosa había escrito en aquella carta la dirección específica de su hogar, no era una letra conocida, sin embargo sería una carta que marcaría el destino de la familia.

Allegra, siento que no me haya comunicado contigo, las cosas no han estado del todo bien. Mi casa fue asaltada, no puedo entrar en detalles. Los últimos días he tenido que moverme de un lugar a otro, me buscan, y parecen ser expertos. No son del Ministerio, estoy seguro, como también lo estoy de que trabajan para ellos, no me busques. Sé que están rondando mi antiguo hogar, dale un beso a Merdith de mi parte y toma uno para ti.

Con todo el amor: Lenin


El pedazo de pergamino que parecía arrancado de un viejo rollo sucio y amarillento dejó en shock a los padres de Allegra, que antes de que cualquier otra cosa se les pasara por la mente, se tomaron de las manos y con la varita en ristre aparecieron en el valle, justo detrás del círculo de bandidos que rodeaban a su hija que con los ojos como platos observó la aparición de su familia.

-Desmaius- Conjuraron Horace y Dora a la vez, justo cuando aparecieron en el lugar. Uno de los hombres, el más fornido de los cuatro salió volando por los aires y cayó en los ladrillos que él mismo había derrumbado. Como reacción inmediata, los tres hombres restantes atacaron también simultáneamente, sin embargo, éstos, apuntaron sus varitas contra Allegra -Icarcerus- Gritó el primero y unas gruesas cuerdas negras volaron en dirección a Allegra -Demaius- Conjuro el segundo y el tercero, a su vez, exclamó -Expulso-. Allegra, casi indefensa y con su varita en la mano y lista para atacar, sólo pudo rechazar el primer ataque con un suave murmuro -Diffindo- Dijo ella y las cuerdas se rompieron, pero un segundo después, su cuerpo, inconsciente, voló por los aires y chocó fuertemente contra la hierba.

La pelea fue intensa, la fuerza de la juventud en contra de la experiencia de los años, tres contra dos, parecía injusto, pero debemos recordar que el señor Horace, por su parte, había pertenecido a un departamento especialmente fuerte del Ministerio. Los inefables ocasionalmente debían enfrentarse en batalla para guardar los secretos más misteriosos del mundo mágico, su experiencia en batalla le permitió derribar a uno de sus contrincantes y herir gravemente a otro de ellos, que sin embargo pudo seguir luchando. Dora, por su parte, no se quedaba atrás, con tantos años usando la magia para las labores del hogar, había logrado desarrollar una agilidad impresionante, pero una pequeña distracción causo que su cuerpo volara por los aires y cayera justo al lado del de uno de sus enemigos. -Se acabo viejo tonto- Inquirió uno de los bandidos cuando con su varita apuntó justo a la cabeza de Horace, el otro hombre, sangraba descomunalmente. -Lo dudo mucho- La voz cancina de Horace retumbó en los oídos del hombre herido y éste, de inmediato, cayó desmayado sin consciencia.

-No durará mucho, pierde mucha sangre- Observó Horace sin dejar de mirar los ojos del oponente restante y al tiempo que éste se acercaba un poco para verificar el estado de su compañero, un certero hechizo lo golpeo en el pecho -Evertestatum- Una potente potente y bien lanzado, logró que su oponente cayera al suelo desmayado.

Horace, sonriente, pero exhausto, se dejó caer al lado de su esposa y le apunto con su varita -Ennervate- Conjuró y su esposa abrió los ojos súbitamente. Estuvieron allí sentados, descansando por unos segundos antes de aplicar el mismo hechizo con su hija, y partir a casa para poder descansar de tan agotadora batalla, las explicaciones sobraban, el pedazo de pergamino maltratado enviado por Lenin se encontraba en la mesa de noche de Allegra, así que ésta lo entendió todo con mucha claridad, besó a sus padres antes de dormir y cayó en su sueño, ese lugar donde podía vivir feliz, nadar en el mar más profundo, o sumergirse en la nube más alta.

Pero volvamos a Meredith, esa niña que de verdad nos interesa. Su viaje había sido realmente largo, al principio se había quedado sin lugar para sentarse, hasta que un prefecto la llevó a una cabina bastante alejada que se encontraba casi vacía. En ella sólo había dos chicos, ambos de tercer año que pertenecían a la casa de Slytherin. Meredith intentó hacer amistad con ellos, pero después de un par de palabras se dio cuenta que sería mejor pasar el viaje en silencio, y sólo escucharlos hablar. Durante el trayecto se vio obligada a soportar un par de bromas, pero supo como dominar su rabia y llegó al colegio sin meterse en ningún lio.

Al bajar del tren observó el castillo que ya había visto muchas veces en fotografías y libros, imponente, se alzaba sobre el lago por el que cruzó en los barcos, junto con todos los alumnos de primer año. Luego de llegados allí, una profesora los condujo a una pequeña habitación, donde apenas si podían moverse, para luego llevarlos en una fila hasta el gran comedor.

Al entrar en la enorme estancia todas las miradas se clavaron en los nuevos alumnos, en fila y sonrojados por la vergüenza y el miedo pasaron uno a uno detrás de la profesara y se amontonaron enfrente de una silla que cargaba el antiguo sombrero seleccionador –Meredith había oído hablar de él gracias a sus padres y abuelos-.

La enorme lista de alumnos nuevos no parecía tener fin, y Meredith fue una de las últimas en ser llamadas. La niña, con una sonrisa de oreja a oreja subió al estrado muy decida y tomó asiento cómodamente, el sombrero se posó en su cabeza y sólo dijo unas pocas palabras -Jmm, valiente y leal, cuánto estarías dispuesta a trabajar por cumplir con todos esos sueños… HUFLEPUFF- Los alumnos de la casa adornada con banderas amarillas aplaudieron fuertemente mientras algunos Slytherin’s se burlaban al ver caminar a Meredith hacia su mesa.

Hufflepuff, una casa ideal, las cartas fueron y vinieron entre Allegra y Meredith, la madre decidió no ahondar en los detalles respecto a su padre, quien algunos meses después pudo volver a establecerse y a tener una vida “corriente”. De vez en cuando también se escribían, aunque evidentemente no tenían tanto contacto como madre e hija.

El primer año pasó con mucha rapidez y sin percance alguno, Lenin, después de su época como fugitivo se convirtió en un hombre más frívolo, menos cariñoso y por esta razón ya no mantenía tanto contacto con su esposa e hija, aunque le gustaba visitarlas, sólo se pasaba allí unos minutos, con suerte una hora, y luego se iba para reunirse con algunos amigos que padecían de su misma enfermedad, la enfermedad lupina.

Las visitas iban y venían, pero fue una en especial la que marcó el destino de Meredith. Cuando ésta se encontraba en las vacaciones de navidad en su tercer año, su padre llegó a casa de sus suegros con profundas heridas, sangrando a borbotones y a punto de morir. Las curaciones de Allegra y Dora lograron mejorar el estado de salud de Lenin, que pasó algunas semanas allí. Pero el corazón de Mederith estaba destrozado, unos cazadores lo habían encontrado una noche de luna llena y se habían aprovechado de su condición, según su padre habían sido unos diez, tal vez doce magos que lo atacaban simultáneamente con los más crueles hechizos, en ese momento inició esa gran pasión por la sanación, la igualdad y la búsqueda de una cura para el dolor de los hijos de la luna.

La calma de los años siguientes sólo pudo significar que tiempos oscuros volverían a acosar el mundo, y así fue. Era 1994, el niño que sobrevivió, Harry Potter, se encontraba en el apogeo máximo de su afamada vida. El torneo de los tres magos se desarrollaba en Hogwarts, y aunque Meredith –Que por ese entonces se encontraba en séptimo- había intentado participar, no había sido seleccionada para representar a su colegio.

El último año de Meredith Temperley en Hogwart fue más calmado y divertido de lo normal, aprendió mucho y hasta tuvo su primer intento fallido en la creación de la poción en contra de la transformación lupina. Con ayuda de algunos amigos de su mismo curso intentó crear una poción que al menos les devolviera un poco de conciencia a los hombres lobo cuando la luna llena estaba en su cenit, la probaron con Lenin en las vacaciones de invierno, pero como era de esperarse, no funcionó, después de todo, qué tanto podrían hacer unos alumnos de séptimo.

La calma que precede a la tormenta terminó al fin en los últimos días de aquel curso. Meredith ya se preparaba para recibir el diploma que la certificaba por haber terminado sus estudios en Hogwarts cuando el señor Potter y el señor Diggory se encontraron de cara con aquel que no debía ser nombrado, el despiadado hombre que causaría tanto mal.

El acto de graduación de aquel año fue más solemne que cualquier otro, la muerte de Cedric Diggory y la tensión que producía la idea de que el señor tenebroso había regresado hizo que se realizara de manera rápida y frívola, sin muchas celebraciones y más de una norma de seguridad extrema. Todo fue rápido y conciso, Meredith llegó allí acompañada de su madre y sus abuelos, luego de la ceremonia fueron a su casa, bebieron un poco de Whysky de fuego con Lenin y todo terminó.

Los tiempos de oscuridad afectaron el equilibrio de todo en el mundo mágico, Meredith inició su curso para ser medimaga en el Hospital San Mungo y entretanto trabajaba medio tiempo junto con su madre en la tienda de mala muerte del callejón oscuro. La familia prefirió mantenerse al margen de la batalla, todos, menos Meredith, la muchacha, con apenas veinte años tuvo una participación más que activa en la guerra. Al trabajar en el callejón donde todos los objetos oscuros podían ser comprados, a menudo escuchaba conversaciones a cerca de los planes del señor tenebroso, otras veces, resguardaba a algunos miembros de la orden en su casa o en su lugar de trabajo sin que nadie lo supiera, y hasta ayudaba a curar las heridas más simples que causaban los constantes ataques del mal.

Meredith parecía ser feliz con el riesgo que respiraba en su cuello, sonreía más a menudo y se interesaba cada día más en su curso de medimago, además, experimentaba en su casa para encontrar la cura que hacía tantos años había decidido encontrar. Pero su cara cambió el día en que una carta llegó hasta la tienda.

En aquel momento ella precisamente escribía una carta para un viejo amigo informándole algo que había escuchado la noche anterior, cuando una lechuza entró en la tienda con una carta enorme amarrada a su pata. Meredith la leyó emocionada y a sus veintiún años descubrió el dolor de las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, su padre, Lenin, había sido asesinado la noche anterior por cazadores al ser encontrado en su estado lupino alimentándose de la sangre de un caballo, su padre estaba muerto.

Y ese día las tragedias comenzaron, desde la muerte de su padre Meredith se dedicó casi por completo a su investigación, sin embargo no obtuvo más resultados de los que habían obtenido otros grandes científicos. A sus veintitrés años, en el año 2000, después de la gran guerra de Hogwarts, Meredith recibió su certificado como Medimaga y se dedicó por completo a su trabajo como sanadora en San Mungo.

Muchos de los grandes historiadores y académicos de la magia medicinal aseguraron después de unos seis años que Meredith había sido la sanadora más talentosa que se había visto en los últimos tres siglos y que el legado de su investigación sobre los hombres lobo y otras mutaciones de los magos ayudarían a futuras generaciones a aclarar dudas que hacía mucho tiempo se habían planteado.

Al cumplir treinta y dos años escribió su primer libro titulado “El llamado de la luna”. En el cuál explicaba, por medio de relatos reales de hombres lobo, como era la sensación y los efectos principales de la transformación lupina. Luego en el año 2012 publicó la segunda edición de su libro que se enfocaba más en la naturaleza de los hombres lobo y su papel como magos útiles en la sociedad, titulado “Lobos entre hombres”. En este libro aparecían varios de los nombres de aquellas personas que ella, a partir de extensas investigaciones había identificado como los mayores enemigos de la raza lupina. Por estas acusaciones Meredith se vio obligada a presentarse en un juicio frente al Wizengamot por el que tuvo que pasar seis mese en Azkaban por supuestas injurias en contra de altos funcionarios.

Durante este tiempo ocurrió otro suceso que marcaría la vida de Meredith, con sus treinta y cinco años, dos libros publicados y una audiencia más que polémica en el Ministerio, la señorita Temperley se había convertido en la defensora de la igualdad de la comunidad lupina, por lo que era admirada por la gran mayoría de estos hombres y mujeres. En Azkaban tuvo la oportunidad de compartir con varios de ellos y aprender de sus experiencias, pero fue el día cuatro del mes nueve del mismo año 2012 cuando la vida de Meredith cambió.

Una carta enviada por el Ministerio llegó a su celda, en dicha carta le informaban de un lamentable accidente que había ocurrido en casa de sus abuelos y que había terminado con la vida de Dora McKinon, Horace McKinon y Allegra, del mismo apellido, sus abuelos y su madre murieron aparentemente por una espontánea reacción causada por dos ingredientes sumamente peligrosos que Meredith usaba para sus investigaciones.

La mujer quedó completamente destrozada y desde aquel día decidió jamás trabajar para esa poción una vez más, renunció a su empleo en San Mungo –Una acción que causo polémica en el mundo, pues era considerada la mejor sanadora en años- Y se dedicó por un año a reconstruir la casa en la que se había criado.

La vida de Meredith parecía haberse venido abajo hasta que la propuesta de una vacante como profesora de Pociones en el colegio Hogwarts, donde se había formado, revivió las esperanzas de la señorita Temperley. Después de mucho pensarlo aceptó el trabajo y ejerció como maestra hasta la edad de cuarenta y ocho años, cuando fue nombrada como directora de Hogwarts por sus “Grandes logros académicos, su gran carisma, compresión, dominio de la magia avanzada y afinidad con los jóvenes actuales”. Desde aquel momento Meredith dedicó toda su vida a la protección y cuidado del colegio.

En la actualidad continúa ejerciendo el cargo de directora y ha sido galardonada con un premio que la certifica por sus avances en la investigación de la transformación lupina y la medimagia tradicional y contemporánea. En los últimos meses se ha dedicado también a retomar sus investigaciones relacionadas con la vida de los Hombres Lobo. Se considera como una gran directora del colegio y uno de los pilares principales que decidirán el destino del mundo en los tiempos de tinieblas que se acercan con una rapidez temible.
”Sólo cuando la oscuridad cubra completamente el mundo sabremos qué tan preparados estamos para la que parece, será la más grande guerra de todos los tiempos. Aquéllos que tengan el valor de encontrar luz dónde todo es oscuridad, son la única esperanza del mundo, porque quienes sonríen en los malos tiempos, pueden soportar hasta las más terribles maldiciones” Esta frase se encuentra escrita con tinta similar al oro fuera de su oficina y le recuerda a los alumnos que aún en los tiempos más oscuros se debe sonreír.

Momentos clave: Niñez
Hufflepuff
Interés en la vida Lupina
El regreso del señor tenebroso
Graduación
Primer trabajo como vendedora
Muerte de su padre
Curso como medimaga
Informante de la Orden
Primer trabajo como sanadora de San Mungo
Halagos por su excelente trabajo como sanadora
Nombramiento como la sanadora más exitosa de los últimos tres siglos
Publicación de su primer libro “El llamado de la luna”
Investigación y acercamiento a la poción que contrarresta la transformación lupina
Publicación de su segundo libro “Lobos entre hombres”
Juicio frente al Wizengamot
Condena a Azkaban por seis meses
Muerte de su madre, abuela y abuelo
Retiro de su trabajo como investigadora de pociones y medimaga
Reconstrucción de la casa de sus abuelos
Contratación como profesora de pociones en Hogwarts
Nombramiento como directora.
Condecoración y honores por su trabajo como MediMaga e Investigadora
Retoma de sus investigaciones.
Presente.

Relaciones cercanas: Lenin Temperley- Padre – Muerto
Allegra McKinon – Madre- Muerta
Dora McKinon – Abuela – Muerta
Horace McKinon – Abuelo – Muerto
Todos y cada uno de los alumnos de Hogwarts.

Spoiler:
Me veo en la penosa obligación de subir mi ficha en dos partes ya que no me deja hacerlo en una sola. "Su mensaje es demasiado largo".

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Re: ♦Meredith Temperley♦

Mensaje por Invitado el Miér Dic 07, 2011 5:59 pm

¿No tenemos un premio por ficha más larga y contundente? ¿No? ¿Enserio?
Pues, creo que deberíamos crearlo.
Bienvenida señorita directora, prometemos portarnos bien (?)

FICHA -obviamente- ACEPTADA

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Re: ♦Meredith Temperley♦

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